Objeto 3. Planta.

planta

“Lo que somos hoy en nuestro presente es el conjunto de las posibilidades que poseemos por el hecho de lo que fuimos ayer. El pasado sobrevive bajo forma de estar posibilitando el presente, bajo forma de posibilidad. El pasado, pues, se conserva y se pierde”.[1]

Quizá la planta es la contraposición a la lámpara en su continuidad, en su proceso dilatado, totalmente contraria a la lógica binaria.

Mi planta es un ejemplar concreto de su especie. Lo cual quiere decir que existe una información, una carga genética, que se ha ido transmitiendo a lo largo de las generaciones que hace a la planta pertenecer a una determinada familia, que la inscribe dentro de una determinada genealogía. Es la manifestación concreta, específica, real, de una carga genética y una savia común a otras muchas.

Esa herencia no es un lastre para ella, algo de lo que deba desprenderse para lograr ser ella misma. Es una herencia viva. La planta lleva en su interior todo un pasado actuante, es decir presente todo él, que la hace ser como es.

Podría decirse que cada planta como la mía es la actualización de un pasado milenario. En ella el futuro no es un misterioso vacío lleno de incógnitas sino que está traspasado de seguridad. Se dará de la mejor manera apoyado en las bases que lo sustentan. Se desarrollará de forma natural obedeciendo a una dinámica interna aunque matizada por los condicionantes externos. La fuerza está dentro.

Mi planta concreta es imagen de la continuidad. Tiene la capacidad de generarse a partir de la información que se contenía en la primera semilla. La savia corre desde su raíz hasta el último extremo de sus hojas. Cada poco tiempo una hoja muere y surge otra. Como si la vida viniese empujando de abajo a arriba y la obligase a regenerarse, a desechar lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Hay una fuerza interior que es la misma que mueve a sus semejantes y que movió a sus antepasados y que florece ahora. Cada hoja que brota es un acontecimiento, la aparición de algo nuevo inexistente hasta ahora. Un continuo aparecer.

Pero yo sólo la observo como objeto externo. Desde fuera sólo puedo testificar acontecimientos: una hoja que sale, un matiz en el verde. O intuir lo que estoy contando. Pero nunca seré partícipe de la corriente profunda que une a mi planta con sus semejantes.

Tampoco es necesario. Yo estoy convencido de ser en cierto modo parte de  grandes árboles, de corrientes subterráneas por las que me llegan una experiencia y sabiduría que yo no he conquistado.


[1] Zubiri, Xavier, “El acontecer humano, Grecia y la pervivencia del pasado filosófico”, Escorial, nº 23, 1942, pp. 416.